
ALFREDO SÁBAT: Mythological
Curator: Cristina Santa Cruz
ZINK Salon Privé®, Buenos Aires, Argentina
From September 1 to October 9, 2022
OPENING WEEKEND: September 1,2, and 3, 2022
Exhibition by appointment

(...) This is how Alfredo Sábat tells it in his paintings. The eye of the artist not only sees but makes people see. Its sensitivity perceives what is hidden (or what it is trying to hide), illuminates the corners, defines areas that remained hidden and gives us the joy of discovery, amazement and beauty. Those plastic forms of truth.
Un paseo por el arte de Alejandro Sirio
En esta sección podrá encontrar un recorrido sugerido a través de las obras del artista y sus contemporáneos.

ESTAMPAS DEL ALMA
Si bien sus influencias fueron mayormente europeas, Sirio nunca dejó de ser un artista del Río de la Plata. La sobriedad de su línea, la introspección de sus personajes, y su tratamiento del claroscuro dialogan con la estética criolla del siglo XIX (los grabadores religiosos coloniales, las litografías del Plata, las estampas rosistas). También con el modernismo literario local, que prefería lo sugerido a lo enunciado.
Sus composiciones a tinta tertulian con el manierismo del Siglo de Oro español, elevando el texto a una experiencia visual casi litúrgica. Su trazo nunca es anecdótico: es teológico, sensual, simbólico, como si cada línea buscara rozar lo eterno. En una época de avances técnicos, ruido industrial y geometrías racionalistas, Sirio volvió su mirada también al mundo espiritual del Renacimiento —no para restaurarlo—, sino para reencantar la modernidad. Porque Sirio no imitaba estilos: conversaba con sus fantasmas, colocaba el silencio exacto de una línea argentina.
Así, en sus figuras Sirio encuentra receptáculos sagrados para la emoción, la belleza y el símbolo. El cuerpo no es sólo carne: es templo, canal, vestigio de lo eterno. Bajo su mirada, la ilustración deviene forma poética del alma, conjunción entre lo material y lo trascendente. Su estética mística y decorativa dialoga tanto con las estampas patrias como con visiones del Nuevo Mundo, revelando un trazo encantado capaz de entretejer historia, espíritu y arte en una misma respiración.
En este gabinete de contemplación, la obra de Sirio se presenta como una colección de estampas íntimas, imágenes suspendidas entre la oración, la fe y el susurro. Cada una guarda el misterio de un fragmento: de un libro, de una emoción, de un cuerpo que se deja mirar.
Aquí no se trata de recorrer ni de aprender, sino de detenerse.
Mire con lentitud. Respire.
Escuche la imagen.
Una invitación a descubrir que el arte gráfico, cuando nace del alma, se vuelve oración, símbolo, herida o plegaria.

CARTOGRAFÍA SIRIANA
La idea de “cartografía” se refiere aquí no a mapas geográficos, sino a un dispositivo de pensamiento visual que permite recorrer, clasificar y relacionar estéticamente un conjunto de obras, influencias y estilos, trazando recorridos intelectuales y emocionales.
La contribución editorial de Sirio a semanarios, publicidades, partituras, libros y afiches, no fue meramente decorativa. Él comprendía la página como unidad estética, integrando texto e imagen con sutileza. Su formación autodidacta, con influencias barrocas, prerrafaelitas, simbolistas y decadentistas, lo llevó a observar la estructura tipográfica, la distribución de blancos, los márgenes y los ritmos internos de cada obra impresa. Se alineaba así con los principios del movimiento Arts and Crafts y del diseño editorial europeo moderno, donde el libro y la revista eran considerados objetos de arte total.
Comprender la técnica de Alejandro Sirio es comprender una ética: la del dibujo como forma de meditación. Su dominio del blanco y negro no era una limitación, sino una elección estética. En su trazo no hay ruido ni improvisación. Hay equilibrio, devoción y sabiduría. Como los calígrafos orientales o los miniaturistas medievales, Sirio dibujaba para que el mundo se aquietara.

PALABRA Y PENSAMIENTO ORNAMENTAL
Alejandro Sirio y la literatura
El seudónimo de Nicanor Balbino Álvarez Díaz, aún lejano “señor de la voluta y del meandro”, como lo llamó Mujica Lainez, no fue plasmado por primera vez en un dibujo. A los dieciocho años, en una efímera revista de su Oviedo natal, el futuro artista publicó unos cuentos y ensayos literarios que firmó como Alejandro Sirio.
Las ilustraciones para La gloria de Don Ramiro, de Enrique Larreta, son consideradas el mayor logro de Sirio; fruto de más de tres años de labor y de documentación en los sitios originales de la novela, y también de los consejos del propio Larreta, quien, según el dibujante, lo “guiaba por los caminos de la evocación impidiéndome que cayera en la barroca selva de lo truculento”.
Al enfrentarse a este desafío, Sirio era ya un artista maduro, de vasta experiencia y que había reflexionado largamente sobre su oficio:
El artista ilustrador ha de comprender sobre todo que la belleza de lo sugerido es superior a la belleza de lo expresado.
Constantemente vemos ilustradores que traicionan al ilustrado revelando rápida y repentinamente en su dibujo la escena a la que el autor quiere guiarnos despaciosamente o aclaran demasiado la niebla que el prosista puso adrede en su relato.
El acercamiento de Sirio a la novela de Larreta es, a pesar de la minuciosidad de los detalles, realista. Nada de aparatosidad ni sentimentalismos. Incluso en las escenas más dramáticas siempre prima la estilización y el equilibrio.
Pero tan importante como las imágenes es el trabajo tipográfico, las viñetas y letras capitulares, que nos permiten apreciar a Sirio como diseñador.
Un estilo similar, aunque aquí la búsqueda del detalle es menor, vemos en las ilustraciones que para El Hogar creó el artista entre 1933 y 1934 para textos de Antonio Pérez Valiente de Moctezuma, en series de notas como Estampas porteñas, Heroínas del Nuevo Mundo, Bailes populares o Los Virreyes de Buenos Aires.
Finalizado el encargo de Larreta, Sirio viajó a París donde conoció a artistas como Picasso o Foujita, y se reunió con compatriotas como Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal y sobre todo con el “Vizconde” Emilio Lascano Tegui, de quien Sirio, ya en la década del cuarenta, ilustrará su Muchacho de San Telmo.
Allí también Sirio tomó apuntes para lo que sería su obra más personal: De Palermo a Montparnasse. Aquí el trazo fino y puntilloso del orfebre estalla en 3.000 dibujos, muchos de ellos caprichosos arabescos, filigranas que pululan a través de las páginas inundando incluso los márgenes.
Es el Sirio más original y que nos muestra su espíritu curioso, jocoso y tierno. El monje incansable y laborioso que trazara las 36.000 hierbas y 3.700 hojas de árbol de la Santa Rosa de Lima de La gloria, ha sido liberado y se pasea ahora por el zoológico, el hipódromo y el jardín botánico; es el flâneur que en París se sumerge en los mercados de pulgas, las ferias, los cafés y los “dancings”; que nos describe la “cocina bohemia” y que finaliza su libro con un aguafuerte donde describe la odisea diaria de los sin trabajo.
Alejandro Sirio ha alcanzado su destino. Ha conciliado aquí sus dos pasiones, el dibujo y su antigua vocación literaria.
Ricardo L. Valerga
Julio 2025

VARIEDADES GRÁFICAS
Sirio fue un artista de revistas, pero no de cualquier revista: de aquellas que sabían que ilustrar era también iluminar el espíritu.
En un tiempo en que la ilustración era tan determinante como la palabra escrita, Alejandro Sirio se convirtió en una figura fundamental del ecosistema editorial del Río de la Plata, donde las revistas ilustradas cumplían una función museística: democratizaban la imagen, hacían circular el arte en barrios, cafés, trenes, peluquerías, consultorios. Y Sirio fue, en ese sentido, uno de los grandes artistas de lo cotidiano sofisticado. Porque antes de las pantallas, hubo páginas que respiraban arte. Y en esas páginas, Sirio dejó líneas que aún murmuran. Su trazo refinado, su dominio de la línea y su capacidad para evocar atmósferas poéticas y espirituales lo situaron entre los grandes ilustradores de revistas y ediciones de lujo de la primera mitad del siglo XX, Edad de Oro del arte gráfico argentino.
Entre 1910 y 1940, Buenos Aires se consolidó como una de las capitales editoriales de habla hispana. El auge de la prensa gráfica, el desarrollo técnico de la litografía, la impresión offset y el grabado en huecograbado permitieron una producción visual de alta calidad. Las revistas no solo informaban: educaban, entretenían, decoraban. La ilustración era reina, y los ilustradores eran reconocidos como artistas de prestigio.
El término “variedades” no alude aquí a lo disperso, sino a lo plural, facilitando la conexión con públicos diversos a través de la introducción de una lógica editorial. Caras y Caretas, La Nación, El Hogar y Plus Ultra eran publicaciones eclécticas que combinaban crónicas, ficción, sátira, política, moda, arte e ilustración, integrando arte y cultura popular. Exponemos aquí un fragmento de la amplia colaboración de Sirio y de algunos de los más grandes exponentes de esta época: desde Cao, Mayol y Sábat Lleó allá por el novecientos, a Valdivia, Larco, Macaya, Álvarez, Zavattaro, López Naguil, Málaga Grenet, Fioravanti, Caballé, Redondo, Fapa, Besares Soraire, Requena Escalada, entre otros. Se destacan sus diversas temáticas y estilos gráficos, de gran impacto en el lector de la época.
Alejandro Sirio brilló en un universo donde la ilustración no era un accesorio, sino una voz. Las imágenes hablaban con la misma elocuencia que los editoriales, y muchas veces las superaban en profundidad.
Este espacio homenajea esa forma de publicación como arte total. Portadas, viñetas, capitulares, composiciones tipográficas y ornamentos se presentan como parte de una coreografía editorial que definió el imaginario de una época.
Invitamos al público a descubrir, a leer y a conmoverse desde lo visual.
About the artist and his work
ALFREDO SÁBAT
Alfredo Sábat is a multifaceted artist with sophisticated skill. "Cartoonist. Painter. Cartoonist. Journalist. Graphic designer. Animator. Sometimes a musician. And several more etcetera.” This is how it is defined.
He was born in 1966 in Montevideo, Uruguay and has lived in Buenos Aires, Argentina since then. He studied Graphic Design at the University of Buenos Aires, later working in this area and in illustration, both advertising and editorial, in media such as the newspaper Clarín and the magazines Playboy (USA), Playboy (Argentina), Caras and Caretas and Barcelona , in addition to numerous media outlets from the US, Germany and Japan.
In 1997 he received the Abril Prize for Editorial Illustration in Brazil for a cartoon made for Playboy magazine, Argentina.
Together with his father Hermenegildo, he co-directed the visual arts magazine Selección Áurea .

From June 1997 to July 1999 he served as Illustrations Editor and illustrator of Trespuntos magazine. His work in the latter medium earned him the First Prize for Cartooning awarded by ADEPA (Association of Argentine Journalistic Entities) in 1998.
As a plastic artist, since 1996, he has held six individual exhibitions of oil paintings and sculptures in Argentina, and a group exhibition in New York in 2006. His 2007 individual exhibition at the Atica Gallery was called Teatro Olimpia and consisted of personal interpretations of Greek Myths.
In 1998, following designs by Hermenegildo Sábat, he created the “Gardel” trophy awarded annually by CAPIF (Argentine Chamber of Producers of the Phonographic Industry) to Argentine Music.
Starting in July 1999, he worked as an illustrator and cartoonist for the newspaper La Nación , an activity he continues to this day.
In 2005, together with Hermenegildo Sábat, Carlos Nine and Oscar Grillo, he created murals for the new “H” subway line, inaugurated in 2007 in Buenos Aires. In October 2006, the murals he created for the “Inclán” station were presented, dedicated to the tango singer Azucena Maizani.

